No todo llanto intenso es cólico. El hambre, el frío o el calor, el pañal, el cansancio, el exceso de estímulos y la necesidad de brazos también pueden explicar el malestar. El cólico es una posibilidad cuando el bebé de menos de cinco meses está sano y presenta episodios recurrentes, sin otra causa encontrada en la evaluación.

Suele empezar en las primeras semanas, alcanzar su mayor intensidad alrededor de las seis a ocho semanas y mejorar hacia el tercer o cuarto mes. Aunque es pasajero, puede ser muy agotador para toda la familia.

Una guía tranquila para el momento del llanto

Revisa la toma, el pañal, la temperatura y las señales de sueño. Después, intenta reducir la luz y el ruido, ofrecer brazos, contacto piel con piel, un arrullo suave o una posición cómoda para sacarle los gases. Una técnica puede funcionar hoy y no mañana; el objetivo es contener, no “ganarle” al llanto.

Un masaje delicado en la barriga y movimientos lentos de bicicleta con las piernas pueden aliviar a algunos bebés, siempre que acepte el contacto. Detente si parece incómodo.

Qué evitar

No le des tés, agua, medicamentos ni suplementos, y no cambies la fórmula ni quites alimentos de la dieta de quien amamanta sin indicación del pediatra. Estos intentos pueden implicar riesgos y además retrasar la identificación de otra causa.

Si sientes que estás llegando a tu límite, acuesta al bebé boca arriba en una cuna segura y aléjate unos minutos para respirar y pedir ayuda. Nunca sacudas al bebé.

Cuándo el llanto necesita evaluación

Busca atención médica si hay fiebre, rechazo a comer, vómitos repetidos, sangre en las heces, dificultad para respirar, somnolencia poco habitual, barriga muy distendida, poco aumento de peso o un llanto que parece distinto de lo habitual. En recién nacidos pequeños, la duda también es motivo suficiente para pedir orientación.