Es común escuchar promesas de métodos que 'resuelven' el sueño del recién nacido en pocos días. En la práctica, el sueño a esta edad es fisiológicamente irregular: el bebé todavía no distingue el día de la noche, y los ciclos de sueño son cortos (de 30 a 50 minutos) comparados con los de un adulto.
Qué observar en lugar de forzar un horario
Las señales de sueño suelen aparecer antes del llanto: mirada 'perdida', frotarse los ojos, bostezar, quedarse más quieto. Aprovechar ese momento para acostar al bebé suele funcionar mejor que esperar el llanto de cansancio, que ya es una señal tardía.
Las rutinas cortas y repetitivas (baño, un ambiente más oscuro, una canción) ayudan al bebé a asociar esas señales con el sueño con el tiempo, pero es un proceso gradual a lo largo de meses, no un interruptor.
Sueño seguro
Las recomendaciones ampliamente aceptadas por la pediatría incluyen: acostar al bebé a dormir boca arriba, sobre una superficie firme, sin almohadas, protectores de cuna, peluches ni cobijas sueltas en la cuna, y compartir la habitación (no la cama) con los padres durante el primer semestre. Estas prácticas reducen el riesgo de muerte súbita del lactante.
