Es común que la cercanía del parto venga acompañada de ansiedad, inseguridad y muchas preguntas.
“¿Podré aguantar el dolor?”, “¿Y si algo no sale como lo planeé?”, “¿Cómo sabré que empezó el trabajo de parto?” y “¿Y si necesito una cesárea?” son dudas que pueden aparecer incluso en quien se preparó durante todo el embarazo.
Sentir algo de temor ante una experiencia tan importante e impredecible no significa que algo ande mal. La información de calidad, el apoyo emocional y una buena comunicación con el equipo de salud pueden ayudar a que este momento sea más seguro y tranquilo.
¿Por qué el parto puede causar miedo?
El miedo al parto puede tener distintos orígenes.
Entre ellos están:
- preocupación por el dolor;
- miedo a las complicaciones;
- temor a los procedimientos médicos;
- miedo a perder el control;
- preocupación por la salud del bebé;
- historias negativas o traumáticas escuchadas de otras personas;
- experiencias difíciles en partos anteriores;
- inseguridad en relación con la maternidad;
- miedo a una cesárea o a un parto vaginal;
- temor a que el plan de parto no se dé como se esperaba.
Cada persona vive el embarazo de una manera diferente. Por eso, intentar identificar exactamente qué es lo que te causa miedo puede ser un primer paso importante.
En lugar de pensar solo “tengo miedo al parto”, puede ayudar preguntarte:
**¿A qué le tengo miedo exactamente?**
La respuesta puede facilitar la conversación con el equipo de salud y permitir una preparación más enfocada.
La información puede ayudar a reducir la ansiedad
No toda la información tranquiliza.
Los relatos aterradores, los videos fuera de contexto y las experiencias individuales compartidas en redes sociales pueden aumentar la ansiedad.
Por eso, da preferencia a:
- los profesionales que acompañan tu embarazo;
- materiales del Ministerio de Salud de Brasil;
- sociedades e instituciones médicas reconocidas;
- cursos de preparación para el parto dirigidos por profesionales calificados;
- contenidos educativos basados en evidencia.
Conocer de antemano lo que puede pasar durante el trabajo de parto ayuda a reducir la sensación de estar entrando en una situación completamente desconocida.
Habla de tus miedos durante el control prenatal
No necesitas esperar a que empiece el trabajo de parto para hablar de tus preocupaciones.
Durante las consultas de control prenatal, conversa con el equipo sobre temas como:
- señales de inicio del trabajo de parto;
- cuándo ir a la maternidad;
- métodos disponibles para aliviar el dolor;
- posibilidad de moverte durante el trabajo de parto;
- posiciones para el nacimiento;
- inducción del parto;
- situaciones en las que puede estar indicada una cesárea;
- presencia de un acompañante;
- contacto con el bebé después del nacimiento;
- preferencias que te gustaría registrar en el plan de parto.
Una conversación abierta puede ayudar a separar los riesgos reales de los miedos alimentados por la falta de información.
Conocer el trabajo de parto puede darte más seguridad
De forma simplificada, el parto vaginal tiene distintos momentos.
Dilatación
Durante el trabajo de parto, las contracciones ayudan a que el cuello del útero se modifique y se dilate.
La duración y la evolución de este proceso varían mucho de una persona a otra. Por eso, no existe una experiencia única ni un “tiempo perfecto” que sirva para todos los partos.
Período expulsivo
Es la fase que culmina con el nacimiento del bebé.
El equipo acompaña la evolución del trabajo de parto y las condiciones de la embarazada y del bebé para orientar cada momento.
Alumbramiento
Después del nacimiento del bebé ocurre la salida de la placenta, llamada alumbramiento.
Incluso después de que nace el bebé, el equipo sigue acompañando a la madre para observar su recuperación e identificar posibles complicaciones.
Movimiento y posiciones durante el trabajo de parto
Cuando no hay contraindicaciones clínicas, moverse y probar posiciones cómodas durante el trabajo de parto puede formar parte de una experiencia positiva.
Algunas personas prefieren:
- caminar;
- quedarse de pie;
- sentarse;
- usar una pelota de parto;
- ponerse en cuatro apoyos;
- quedarse de lado;
- adoptar posiciones más verticales.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que, cuando sea clínicamente posible, la mujer tenga libertad para moverse durante el trabajo de parto y pueda participar en la elección de la posición en la que se sienta más cómoda para dar a luz.
El equipo debe orientarte sobre qué opciones son adecuadas en cada situación.
La respiración y las técnicas de relajación pueden ayudar
Durante las contracciones, algunas estrategias sencillas pueden ayudar a manejar mejor la tensión.
Entre ellas:
- respirar de forma lenta y consciente;
- relajar los hombros, el rostro y la mandíbula;
- cambiar de posición;
- recibir masajes;
- tomar un baño tibio, cuando esté permitido;
- escuchar música que te dé sensación de seguridad;
- mantener un ambiente más tranquilo;
- recibir el ánimo del acompañante.
Estas estrategias no significan que tengas que afrontar el parto sin medicamentos.
Los métodos no farmacológicos y las opciones de analgesia pueden formar parte del cuidado, y puedes hablar con el equipo sobre qué alternativas estarán disponibles.
Elige a alguien que te haga sentir segura
La presencia de alguien de confianza durante el trabajo de parto puede marcar una gran diferencia.
El acompañante puede:
- ofrecer apoyo emocional;
- ayudar con la respiración y la relajación;
- dar masajes;
- ayudar en la comunicación con el equipo;
- recordar las preferencias que hablaron antes;
- transmitir seguridad y tranquilidad.
Este acompañante no tiene que ser necesariamente tu pareja.
Puede ser una persona de la familia, un amigo, una amiga u otra persona elegida por la embarazada.
La OMS recomienda el acompañamiento de una persona elegida por la mujer durante el trabajo de parto y el nacimiento, y los estudios señalan beneficios para la experiencia de la mujer y para algunos resultados del parto.
En Brasil, la Ley n.º 11.108/2005 garantiza, en el ámbito del SUS (el sistema público de salud de Brasil) y de la red conveniada, el derecho a un acompañante indicado por la embarazada durante el trabajo de parto, el parto y el posparto inmediato.
Haz un plan de parto, pero permite cambios
El plan de parto puede ser una herramienta muy útil para registrar tus preferencias.
Puedes hablar con el equipo sobre temas como:
- presencia de un acompañante;
- métodos de alivio del dolor;
- posibilidad de moverte;
- posiciones durante el trabajo de parto;
- contacto piel con piel;
- lactancia materna en la primera hora, cuando sea posible;
- procedimientos que te gustaría entender antes de que se realicen.
Pero hay un detalle importante:
el plan de parto es un plan de preferencias, no una garantía de que todo sucederá exactamente de esa forma.
Durante el parto, las necesidades de la madre o del bebé pueden exigir cambios.
Ser flexible no significa renunciar a tus elecciones. Significa participar en las decisiones y entender, siempre que sea posible, por qué se recomienda determinada conducta.
¿Y si te indican una inducción?
En algunas situaciones, el equipo puede recomendar la inducción del trabajo de parto.
Si eso sucede, pregunta:
- por qué se está indicando la inducción;
- qué métodos pueden utilizarse;
- cuáles son los beneficios y los riesgos;
- qué esperar de las siguientes etapas;
- qué alternativas existen en tu situación.
Entender el motivo de una intervención suele hacer que la experiencia sea menos aterradora.
¿Cuándo el miedo necesita atención profesional?
Cierta ansiedad antes del parto puede ser parte del embarazo.
Pero busca ayuda si el miedo está:
- alterando tu sueño con frecuencia;
- provocando crisis de ansiedad o pánico;
- causando un sufrimiento intenso;
- haciendo que evites consultas o conversaciones sobre el parto;
- ocupando buena parte de tus pensamientos;
- afectando tu rutina o tu calidad de vida.
En ese caso, habla con tu equipo de control prenatal.
El acompañamiento psicológico durante el embarazo puede ayudar a comprender estos miedos y a desarrollar estrategias para enfrentarlos.
Buscar apoyo no significa que estés menos preparada para el parto. Al contrario: cuidar la salud emocional también es parte del control prenatal.
Después del parto, sigue observando cómo te sientes
El nacimiento implica un gran esfuerzo físico y emocional.
En los primeros días puede haber cansancio, molestias y dolores relacionados con las contracciones uterinas, el parto vaginal, la cesárea u otros procedimientos realizados.
El equipo puede indicarte medidas de confort y medicamentos compatibles con tu caso.
Busca atención si presentas síntomas preocupantes, especialmente:
- dolor muy intenso o que empeora;
- fiebre;
- sangrado abundante;
- falta de aire;
- dolor en el pecho;
- desmayo;
- enrojecimiento, secreción o empeoramiento importante de heridas;
- sensación de que algo no está bien.
Si tienes dudas, busca orientación del equipo que te acompaña.
No necesitas controlar cada detalle para estar preparada
Prepararte para el parto no significa prever exactamente cómo sucederá todo.
Una preparación saludable implica comprender el proceso, conocer tus opciones, hablar de tus preferencias y construir una red de apoyo con personas en quienes confías.
El parto puede tomar caminos distintos de los que imaginaste y, aun así, ser una experiencia respetuosa y positiva.
Consejo Nilu: en una consulta de control prenatal, prueba hacer una lista con tus tres mayores miedos sobre el parto. Lleva esa lista y habla de cada uno con el equipo. A veces, convertir un miedo en una pregunta concreta ya hace que todo sea un poco menos aterrador. 💛
Fuentes de referencia
- Organización Mundial de la Salud (OMS) — recomendaciones para los cuidados durante el trabajo de parto y el nacimiento.
- Ministerio de Salud de Brasil — derechos relacionados con el acompañante durante el trabajo de parto, el parto y el posparto.
Este contenido tiene fines educativos e informativos y no sustituye consultas, exámenes, diagnósticos ni orientaciones individualizadas de profesionales de la salud.
